El mensaje esperado, que nunca llegó
Acá estoy, luego de compartir un vino casero preparado por el abuelo, añejado en el barril roble casi cuatro meses. Es mi viejo, siempre inventando algo para asombrarnos. Lo veo cada tanto y bueno si se aparece con una botella de vino casero y una tabla de quesos es imposible negarme.
Percepciones.
Como hecho poco extraordinario un viernes al medio día, salió del trabajo en dirección al mundanal centro de la capital, cumpliendo tareas rutinarias, descendió del autobús, y caminó frente a la mística iglesia de San Francisco. En un primer bosquejo todo parecía igual, aunque en una segunda mirada, era evidente, una inquietante situación se gestaba, paralela a la realidad diseñada.
Los mendigos exhortaban al pueblo a brindar limosnas, mientras vendían de forma grotesca sus enfermedades; los monaguillos embolaban los botines arzobispales; los mercenarios mostraban sus dientes a los transeúntes, apartandolos de la comisión virreinal, y los voceadores de prensa, comunicaban las victorias plásticas compradas del reinado de Cartagena, los olímpicos de la OEA enajenados por culebreros asociados y la culpabilidad innata de los niños, respecto de las pérdidas materiales debido a los desbordamientos fluviales de la temporada.
Aun así algo extraño ocurría, pensó que quizás era un desliz de su cerebro, o una consecuencia de vivir en las nubes. Se detuvo frente al portón de la iglesia y percibió que el vendaval de aire disminuía su velocidad; las personas se miraban entre sí, marcando una sonrisa encubridora de tolerancia; los automóviles menguaron paulatinamente su circulación; los rayos del sol atravesaron el campanario, dibujando su sombra en el asfalto húmedo; las texturas, olores y matices de los monumentos de cemento, se mezclaban con la fragancia del incienso callejero.
En efecto algo ocurría, bajo la resignación del entendimiento decidió disfrutarlo, y mantenerlo vivo en su memoria, buscando un símil de aquella situación, encaró el ambiente mimetizando su sonrisa con la expresión parsimoniosa del movimiento de las masas.
Meses después, mientras tomaba un café y simulaba prestar atención a una conversación cercana, su expresión cambió instantáneamente, pasando por alto los vaivenes circunstanciales, pues finalmente había comprendido aquel enigma empotrado en sus recuerdos, el cual no tenía relación alguna con una resaca del juernes anterior, todo aquello tan solo era un viernes que parecía domingo.
Un Flaco, Bohemio y Soñador.
Bogotá D.C.
Noviembre 2010.
Claro y difuso
Quizás si fuera tan fácil
encontrar la sonrisa de tus ojos, al soñar con la inmensidad
como establecer contacto y conseguir tus datos,
tiempo atrás habría desistido de continuar embarcado tras una leyenda
donde la espontaneidad de tus facciones, inyectan la adrenalina necesaria
para encarar aquella jovialidad.
Acaso, si no fueras esa mujer,
coqueta, risueña, con vida y espíritu propio,
quien con dulzura y osadía se burla de mis alegrías
y tan solo fueras una niña caprichosa, sin personalidad definida,
que adula mis simplezas como grandes proezas
jamás me hubiera fijado en vos, ni pensado en llamar tu atención.
Capaz todo está tan claro, y difuso a su vez
que no es necesario conversar aquellos detalles,
ni hablar todo el tiempo, pues quizás
los suspiros de nuestros silencios se quieran hacer compañía.
Un flaco, Bohemio y Soñador.
Bogotá D.C.
Octubre 2010.
Cachai.
"En honor a mi familia quienes con su amor y valentia
me han enseñado a soñar"
Es cierto, prefieres escapar de la monotonía, de ese despertar diario cuando antes de abrir los ojos ya presumes en qué va a terminar tu día, de una u otra forma la cuenta empezará de nuevo, quizás en cero quizás en mil en todo caso sabrás que ya las has vivido y la repites sin vacilación, depronto te has acostumbrado, perdido la esperanza o ni siquiera sos vos quien vives en esa vida.
Aun así prefieres correr una carrera contra el tiempo, llevas inmersa en tu propia naturaleza aquella habilidad de sorprender, sentidos que te ániman buscar en lo extraño, intentando hacer diferente cada instante de tu juventud, desde que eres un niño inventas misiones peligrosas en el barranco a sabiendas del regaño de tus padres pues has ensuciado la ropa nueva con la ellos te iban a presentar a sus amigos para contarles algo diferente, cuando al parecer evitaban entender que repiten la misma historia de muchos otros en el mismo periodo, como un circulo vicioso reunido todos los jueves a la noche para intentar dejar sus vicios, aquellas proezas de alegría momentánea, por lo cual intentan sentirse orgullosos, escondiendo sus penas detrás de las cortinas de humo aceptadas en el mundo de las mentiras.
Recibes ese regaño de chico como una recompensa de la astucia al escapar de la rutina, aquel demonio que te devora las ganas de vivir, te aniquila, su objetivo es llenarte de miedos, un temor diferente para cada situación, recelo encarnecido por cuantos se han sentido incapaces de innovar estando en tu situación.
Sabes, el problema es que vos quieres ser así, luego te resignas y subes un escalón adicional entonces aceptas los planes de domingo con tus viejos amigos jugando al golf o viendo los partidos la champions league, para escapar de ciertas ataduras, en todo caso tan solo escapas de la rutina sin libertarte de ella, mientras te escondes en excusas para juzgar un mundo ajeno a tu audacia reprimida ¿entiendes lo que digo?
- Pará Roberto, lo que pasa es que vos no quieres aceptar tu realidad, preferís escapar, seguir volando como si fueras un pibe, te sentís el hippie de la nueva era.
- No Celeste, el tema es que vos no has entendido, seguimos siendo libres.
- Claro Roberto tan libres, que preferís salir corriendo cada vez que puedes, cambias de ciudad, de profesión, mandas una postal y si apenas apareces ya te vuelves a largar, lo sabes flaco vos nunca fuiste capaz de madurar, ni siquiera sabes para donde va tu vida.
- Vos no quieres entender Celeste.
- Tomátelo Roberto, y si no entiendo la razón por la cual cada vez que te pregunto para donde va tu vida, ni siquiera vacilas en contestar, sabes Roberto vos… vos tienes miedo de hacer algo con tu vida.
- Celeste, quizás tengo miedo de convertir mi vida en una más, acorde al rebaño mientras vos te carcomes de angustia existencial añorando en silencio, la forma mas prolija de vivir tus sueños fuera de los ideales que otros te han marcado como perfectos.
- Ya nada me extraña de vos, vos nunca vas a cambiar.
- En cambio vos sigues siendo la misma nenita de casa, a quien alguna vez encaré a la salida del jardín lanzándola sobre el arenal húmedo, con el fin de ganarme su amistad.
- Si soy la misma niñita de quien alguna vez te enamoraste.
Roberto llegó a Puerto Paraíso salió de la terminal, el camino se encontraba empolvado, cargaba una maleta de viaje estampada por banderas inmigratorias, en su interior guardaba cinco libros a medio leer, tres mudas no muy nuevas y un manojo de papeles gastados.
De su cuello colgaba una cámara polaroid, con la cual se estacionaba en las esquinas de la urbe para tomar fotos de la población en su estado natural, contrastada por los monumentos de cemento y las sierras montañosas que la encerraban.
El viento helado golpeaba su frente, mientras guardaba las manos en el abrigo largo de color oscuro, en la esquina de la plaza se encontraba un café, pidió un tinto negro y revisó los diarios del lugar, sin novedad alguna, los políticos continuaban en primera plana, llamando al protagonismo amarillista de la parodia suburbana, “sería un gesto si se callaran, sería un gesto si no mintieran más”, sonaba una canción de reggae en la radio local, perfecta estrofa para darle sentido a un diario tan poco universal.
Con los años ganaba el cariño de los lugareños quienes acoplaban sus ideas extrañas con euforia y sinceridad, tan así que en un principio con algo de desconfianza imaginaba que en el momento menos esperado lo iban a sacrificar colgado de algún estaño como ofrenda a un dios castigador, pues intentaba convertir aquella población en una tierra protectora de la libertad de pensamiento, con una tendencia renaciente del importiculismo humano, sin necesidad de reglas, ni mentiras, escondida de quienes se llamaban civilizados pero con un libro en la mano repetirían con placer los resultados de Sodoma y Gomorra.
Luego de escuchar una canción en la vereda del monte, acompañado por artistas y bailarines al calor del humo verde y aroma del anís, del cual nunca fue participe, pero respetaba tanto que no sentía derecho alguno a juzgar, decidió caminar por el lugar atendiendo por equivocación la conversación de dos noctámbulos.
- Marcela has visto cuando emites un mensaje radial y la señal es capaz de rebotar por algún tiempo, ayer pasaba y me encontré uno de esos ondulando cerca del rio, como cuando lanzas una piedrita al agua y se reitera expandiéndose hasta mimetizarse con los pececillos.
- Matías, no me digas que ahora vas a inventar otra de tus historias para hacerme reír y de nuevo robarme un beso.
- En serio te lo digo, luego de seguirlo durante algún tiempo logré escuchar su contenido decía, "flaca gracias por tus besos, tus caricias, tus palabras, me regalaron un rato de tranquilidad que anhelaba".
Roberto bien conocía de memoria la situación de aquella pareja, y recordaba con una sonrisa sus amigos de las cinco esquinas del mundo, así como las noches con las mujeres de cada puerto únicas e irrepetibles, de ojos brillantes, cuerpos blancos y firmes, como aquellos besos profundos y pasionales otorgados por las mujeres cuando conocen y despiden al hombre que las hace vibrar de felicidad de en su interior, hasta llorar al sentir la ausencia sus mimos.
Quedó perplejo viviendo un Déjà vu, entonces su curiosidad de vago pueblerino aumentaba sin descanso desesperadamente hasta conocer la identidad del emisor del mensaje,
- ¿Decía algo más?, te digo con tan poca imaginación y sin alcohol es difícil lograr algo con vos.
- Te lo pido por favor, cállate y déjame terminar.
- Bueno termina, a ver quiero reír un poco con tus aventuras.
- Si, si, descubrí que aquel mensaje había sido emitido por uno de esos andariegos de quienes jurábamos habían desaparecido en la historia moderna,
- ¿cómo así?, de qué hablas ?
- En efecto era un flaco, bohemio y soñador… Cachai!
Francisco José Acevedo Caicedo.
Rosario Argentina. Julio 2010.



